Leer el cuerpo
El insomnio es el oasis en el que se refugian aquellos que sufren oscuramente
Salud Ochoa
El cuerpo humano es un mapa que muestra cada golpe o astillazo de la vida. Ruidoso a veces, callado en otras, pero siempre dispuesto a mostrar la evidencia de los amores, los duelos, la lucha y los golpes, aun cuando estos no dejen un moretón evidente.
El médico forense se pone los guantes de látex y observa el cadáver, inspecciona los órganos, los mide, los pesa, los escudriña con una lupa, los olfatea, revisa los recovecos, las señales que la piel fría oferta, porque aún después de muerto, ese cuerpo otorga todos los elementos necesarios para descifrar las causas y las condiciones de su deceso.
Es un libro abierto, con acertijos que los expertos aprender a descifrar cada vez que hay un homicidio.
En la novela “Leer el cuerpo”, de la escritora Tania Tinajero, el asesinato de la actriz que protagoniza una serie criminal para la televisión, pone en marcha la lenta maquinaria policial de Santa Catarina, para encontrar al culpable.
Eréndira Sandoval, agente de la policía investigadora, se encuentra repentinamente inmersa por partida doble en este nuevo caso:
Por un lado, la joven asesinada la representaba a ella en una especie de thriller basado en la desaparición de la modelo Lena Miles, que Eréndira investigó previamente. Y por otro, la agente se topa frente a frente consigo misma y la imagen que de ella se proyecta en la televisión y en la cual no se reconoce.
Sumado a eso, la policía se encuentra ante la masacre de más de un centenar de migrantes, que también debe investigar y encontrar a los responsables.
Todo ello en las 131 páginas que conforman la obra que constituye la segunda parte de la saga protagonizada por la agente Sandoval, y que no tiene desperdicio de principio a fin.
Tania nos conduce por ese camino empedrado del crimen, donde, de cuando en cuando, la pregunta obligada llega: ¿Qué conduce a las personas a matar? Y en cascada surgen otros cuestionamientos como ¿Qué hay en un ser humano que otro ser humano quiera eliminar? ¿Qué hace un parricida para acallar su conciencia? ¿Somos todos asesinos en potencia solo en espera del momento adecuado para cruzar la línea?
Las respuestas sin duda podrían ser muchas, pero quizá nadie estaría dispuesto a reconocer cuál sería la propia porque podría asustarse.
Eréndira Sandoval –protagonista de esta historia- decidió ser policía porque ese tipo de dudas surgían en su cabeza continuamente y porque creía, como creemos casi todos cuando somos jóvenes, que podía hacer un cambio.
Pero como dice la propia Eréndira, eso era antes de ver tanta violencia, antes de acostumbrarse a ella, antes de convertirse ella misma en una asesina.
Y es aquí cuando, como lectores, nos detenemos un instante para echar una mirada a la realidad del entorno y volver a preguntarnos ¿Cuál es la diferencia que hay entre la historia narrada en la novela y la vida cotidiana? ¿Es simple coincidencia lo que se dice en la obra o un reflejo de la realidad avasallante?
Así pues, la novela nos remite a todo eso que nos rodea e incide en nosotros día a día como una gota de agua sobre la roca, pero también a todo aquello que llevamos dentro como fantasmas o moscas y que a la hora de morir habrán de dibujar nuestra historia en la piel.




