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Nihilismo

25 de marzo de 202625 de marzo de 2026

Por Jesús Chávez Marín

  1. Nihilismo

Richy llegó a la boda de su hermano Benito Lamoto en el ostentoso templo de San Charbel. La elegancia fallida de aquel recinto, cuyos mármoles sustentaban la fría fe de los ricachones de Ciudad Chihuahua, le producían a Richi un asco leve que él soportaba con ironía y desprecio, pero ni modo, todo sea por la chingada familia.
La fiesta fue en un amplio salón del San Francisco Country Club, donde los lujosos papás de la novia echaron la casa por la ventana por el hecho común y corriente, pensaba Richy, de que se casaba su única hija, su princesa encantada, como la llamaban ellos, los reyes nacos de la ganadería norteña, otro ácido concepto de Richy.
Y no es que nuestro héroe viviera amargado, como podría suponer al descuido algún ciudadano de esta aldea global llamada Internet, no. Lo que pasa es que a Richy, desde niño, todo le valía madre. Estas bodas de postín le aburrían tanto como las cantinas vulgares que a veces frecuentaba, tipo La Antigua Paz, o El Coliseo, o El Siete Leguas. Estaba allí por el whisky, o por las caguamas, según fuera el caso.
A sus 42 años había decidido que jamás se casaría, luego de haber cultivado el amor con tres novias en su pasado, con las cuales se empeñó hasta el absoluto fastidio de tanta trivialidad insoportable que conllevan las relaciónes de pareja y así hasta el fin del amor, cuando, harto de tanta dulzura, les decía: adiós, good bye, my love.
Richy, gran lector en tres idiomas de los clásicos de la literaturatura universal, desvelado invícto de sofisticados videojuegos, solitario pertinaz y a pesar de todo leal practicante de la sincera amistad, no tenía remedio, de plano. Su única salvación era la risa.

  1. Burbujitas de sal de uvas

Por alguna especie de fatalidad, Esteban tuvo la mala suerte de seguir viviendo algunos años después de que murió su esposa. Una tarde escribió
esta carta a la memoria de ella: Querida mía: Hace mucho tiempo que no te he visto y quizá ya no te veré; aunque guardo en el pensamiento imágenes de
ti, momentos de tu existencia en diferentes edades. Daría lo que me queda de vida, que además vivirla sin ti no es la gran cosa, por mirarte unos diez
minutos, respirar en medio de tu pelo sedoso y oscuro, sentir de cerca el mar de burbujitas de sal de uvas Picot de tu cuerpo. En esta carta no solo quiero
añorar estos dones para mí, sino también los que tú disfrutabas con tanta plenitud: la sonrisa de tus hijos y de tu nieta; los espacios armónicos que
instalabas en tu casa con espejos, flores, piedras, fotos, muebles; tu mirada frente al mar donde solo allí podías mirar la plenitud de tu alma, natural y
generosa; y luego los libros, mirarte serena en tu sala leyendo algunos nuevos y siempre volver a los mismos que leíste varias veces para comparar
tus ideas con las páginas y con el tiempo que va pasando. Adiós, extraña y para siempre mía a pesar de tu delicada y absoluta libertad con la que viviste
siempre, tan hermosa.

Foto: Pedro Chacón

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