Papasquiaro
Por Jesús Chávez Marín
Foto: Pedro Chacón
- Santiago Papasquiaro
En esa iglesia me casé yo; ni por aquí me pasaba que me tocaría ser casada y menos que fuera a vivir por acá, nunca pensé en salir de mi pueblo tan querido, Santiago Papasquiaro, donde conocí a don Ricardo, mi aún esposo. Él fue a arreglar unos asuntos mineros; tiene muchos negocios y anda de acá para allá; en una de esas ocupó a mi papá en una construcción que andaba haciendo. Mi papá es contratista y yo le ayudaba con las cuentas, los impuestos y lo del Seguro Social de los trabajadores, me encantaba trabajar con él, me sentía bien importante y me quería mucho, Dios en paz lo tenga.
Cuando don Ricardo pidió mi mano, mi papi nunca estuvo de acuerdo: Pero cómo cree, señor, usted ya es muy mayor y mi hija es una jovencita. De ninguna manera.
Pero sí hubo manera, porque yo me encapriché y mi papá no era capaz de negarme nada. Don Ricardo era viudo y tenía tres hijos; sí estaba grande, pero no tanto, además era muy guapo y me trataba como a una reina, no batalló nadita para convencerme.
Vivimos felices durante cinco años, aquí en Chihuahua; pero luego empezaron las desavenencias: los hijos de él eran insoportables, nunca me aceptaron. Don Ricardo viajaba mucho y no solo por negocios, era demasiado ojoalegre. Al principio yo me hacía la tonta, como dicen que debe hacerlo una dama de respeto, pero luego me harté. Agarré mis cosas y me regresé a Santiago Papasquiaro.
Don Ricardo ha venido varias veces a rogarme que vuelva, pero no. Yo soy muy determinate. Además, aquí entre nos, don Ricardo ya dio el viejazo.
- In box para tus ojos caoba
Una llamada, tu voz desde el principio
con su tono de tristeza y de sexo rico
me trajo de nuevo al paraíso, a la tierra perdida.
Quisiste ser mi amor y aún no lo sabías.
Un café en el Centro y a los cinco minutos
la risa llegó y de nosotros nunca se ha ido.
Pero diecinueve meses después te fuiste.
Entonces regresó mi tristeza y aquí va conmigo.
Ahora me dedico a rezar el Rosario, pero no el religioso:
El de tus pasos por la Tierra, el de tu risa bendita.
Alegría es el nombre de tu alma para mí fulgurante.
Melancolía es tu segundo nombre. Así te hallé vencida.
Mucho te había lastimado el amor, un pasado mezquino.
Y ahora a donde vayas te cuidará mi amor interminable.
Noviembre 2014
- Olvido
Que alguien tenga corazón de olvido es algo de lo que no existe advertencia, el amor a veces marcha sin remedio hacia uno que otro abismo.


