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Una manada y un hombre

14 de junio de 202614 de junio de 2026

–Los lobos que atacaron a una víctima en la inconsciencia

Salud Ochoa

Era 2025 cuando leí por primera vez el nombre de Gisele Pelicot. Una nota periodística llamó mi atención porque hablaba de un caso judicial en las cercanías del mítico París, con el que todo el mundo sueña. Un juicio por violación se desarrollaba en contra de un hombre que había violado a su esposa de forma recurrente, con la agravante de haberlo hecho mientras ella estaba bajo el influjo de algún tipo de droga que él le suministraba para someterla.

La sumisión química a la que el sujeto llamado Dominique había llevado a su esposa Gisele, era ya en sí misma aberrante. Pero no era todo, más secretos aguardaban. El agresor no se conformó con violentar a la esposa, inerte e inconsciente por el efecto de las drogas, en su propia cama, también llevó a decenas de hombres hasta la habitación matrimonial para que allí aquellos abusaran de ella de diversas formas. Todo esto mientras él filmaba o tomaba fotografías de los actos.

Solo leerlo resultaba nauseabundo.

Indagué más sobre el tema y seguí las publicaciones en medios de comunicación hasta que, finalmente, el juicio concluyó con más de 50 hombres señalados por violación. Dominique y decenas más fueron encontrados culpables y condenados a purgar una condena privativa de la libertad, que a la distancia parece insuficiente en comparación con el delito juzgado.

El asunto parecía concluido. Sin embargo, en marzo de 2026 encontré de nuevo el nombre de Gisele Pelicot, esta vez en la portada de un libro autobiográfico titulado “Un Himno a la Vida. Mi historia”. Nunca dudé que debía leerlo, no solo por lo que conocía del caso, sino porque presentía que más allá del recuento periodístico, había una historia mucho más grande a lo ventilado a raíz de los crímenes cometidos contra Gisele.

Así fue, que, empecé a leer Himno a la vida. Así fue como conocí la infancia de Gisele marcada por la orfandad materna, su adolescencia y juventud atravesada por el desamor de una madrastra molesta que repetía “La vida es una rebanada de pan con mierda que vamos mordiendo poco a poco cada día”, y un padre prácticamente inexistente. También hallé la permanente búsqueda del amor, pero no de ese amor movido por la atracción física, sino de aquel que apoya, que consuela y sana. El amor que permite escapar de la tragedia.

Gisele se atrevió a mostrar su vulnerabilidad, sus carencias afectivas, los sufrimientos inadvertidos y la devastación, pero también, su valentía ante la adversidad, su fuerza y resiliencia para avanzar en el camino oscuro de la agresión tumultuaria y de la vida misma.

Su historia nos confronta como sociedad y como individuos, nos cuestiona, nos pone a prueba y nos hace preguntarnos ¿En qué momento el ser humano se convierte en animal? ¿Qué lleva al hombre a liderar una serie de eventos delictivos que convierten a una mujer en presa de sus peores fantasías? ¿Cuál es la diferencia entre un tipo como Dominique y las decenas de violadores con una manada de lobos salvajes, irracionales?

El pasaje que Dominique decidió escribir en la historia de Gisele es tan aterrador como el mensaje que su hija descubrió en la parte posterior de un cuadro donde yacía una mujer desnuda: La dominación. Pero, además, según narra Gisele en su libro, en la última audiencia del juicio, Dominique declaró que “había querido someter a una mujer insumisa”. Quizá porque ella se negó a las prácticas sadomasoquistas que él buscaba o a la negativa de ella para fotografiar su intimidad.

“Me castigó por haberme negado. Nuestra habitación abierta a desconocidos no era más que la prolongación del lugar al que me había negado a acompañarlo. La lencería que yo llevaba en los vídeos era la misma que me negaba a comprar. La sumisión química era su respuesta a mis negativas”, dice Gisele casi al final del libro.

Nunca tendremos la certeza de los motivos reales para tanta barbarie, porque quizá Dominique estaba comportándose solo como un hombre que cree que las mujeres son un objeto que se usa a su antojo y servicio personal y después se tira.

Craso error. Porque una mujer que sobrevive al dolor de un ataque brutal convierte su voz en un canto y con rabia vence al silencio.

Fotos: tomadas de internet

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